jueves, 22 de marzo de 2012

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Imagínese una espléndida mañana o un placido atardecer, o si quiere un romántico anochecer, rodeado por una exuberante naturaleza preñada de vida, prados verdes, árboles frutales, aves de todos los colores, flores coloridas de todos los aromas, animales de todas las especies, que le reconfortan el espíritu alejándolo de la diaria rutina y haciendo que los problemas por complejos o apremiantes que sean pasen a un segundo plano hasta el punto de ser olvidados para dedicarse al menos por un momento, a la contemplación y a la introspección de esa reparadora y saludable experiencia de compartir con la madre de todos, la madre naturaleza. ¿ha estado alguna vez allí? Se ha dejado absorber al punto de perder la noción del tiempo y que al volver a la realidad, esa realidad dura e implacable lo único que ha podido decir es ¡Que rico!. 
Consciente o inconsciente de las palabras utilizadas para expresar su estado de ánimo, el término rico, hace en este  caso referencia a la indescriptible sensación de bienestar y al disfrute que acaba de experimentar  al saberse parte de este universo.  No se refiere en este caso la palabra rico, al mercando accionario, a los bienes de finca raíz, ni tampoco a las cuentas bancarias ni a los vehículos, ni a los bienes muebles o inmuebles.  No se refiere ni a movimiento de capitales, ni a la plusvalía, ni al trabajo, ni a las propiedades materiales o intelectuales. Si eso es riqueza, no es a esa riqueza a la que en este caso el vocablo rico, hace alusión.
 
¿Entonces, a qué?
 A la riqueza de un sol brillante, la riqueza de un aire puro, la riqueza de un agua sin contaminación, la riqueza de una naturaleza pródiga en alimentos de todo tipo, al disfrute de una edénica vida que en algunos lugares del planeta aun pueden ser vividos por reductos cada vez menores de la población a quienes los adelantos tecnológicos no han terminado como al resto de la especie en convertirlos en una ficha más del sistema en el que impera el capital y las metas de mercadeo y de consumo.
 Se refiere, a la riqueza que estando siempre con nosotros no hemos sido capaces de descubrir, y que por el contrario hemos olvidado porque a nuestro alrededor se han construido estructura ajena a nuestra forma de ser y de pensar que se ha ido perpetuando a través de estos quinientos años últimos, y que han dado como resultado que vivamos aquí, pero no nos sintamos de la tierra, que vivamos aquí pero que no sintamos patria, que vivamos aquí pero no sintamos nación.
Y es que la historia no es de ahora, y si la historia debe remontarse a la historia, más grave aún, si se sabe que la historia la escriben los vencedores.
Nadie habló o escribió de la inconmensurable riqueza en la que los hombres no se sentían pobres, ninguno era infeliz, ninguno carecía de un hogar, y ninguno carecía de un trabajo porque cada uno tenía su quehacer.

viernes, 16 de marzo de 2012

Animación

Los gatos son felinos adudases e inteligentes como lo es mi gatica mi fiel amiga llamada Frufru

jueves, 1 de marzo de 2012

MIENTRAS EL VIVO VIVA DEL BOBO…


Mientras el vivo viva del bobo, y en tanto se encuentre vigente la ley del más fuerte, siempre existirá en este mundo la posibilidad de uno o unos dominadores y uno o unos dominados.

Sueltas las anteriores frases al aire en un ambiente desprevenido, no pasarían de tener la importancia y trascendencia de adagios populares que por costumbre, se han convertido en norma.  Lo riesgoso, es que si las anteriores sentencias se llevan al plano de análisis de los adelantos biogenéticos, podemos encontrar fácilmente que algunas poco éticas e inescrupulosas personas intenten poner los avances científicos de esta rama de las ciencias, al servicio de sus particulares intereses.

Puede ser que se crea exagerado pensar que alguien pretenda, por ejemplo, (picándoselas de vivo), mediante manipulaciones genéticas, propiciar que se engendre y reproduzca un ejército de bobos, para ser “utilizados” con fines no necesariamente honestos; y sólo por el ejercicio mental, imaginemos  miles de esos engendros, que no protestan por salarios o, no hacen ruidosas manifestaciones por horarios laborales o, no hacen huelgas por falta de seguridad social, trabajando en la fábrica del Señor X, quien pidió que los engendraran.  Quizá hasta vivirían felices y agradecidos con el Señor X, porque les habrían hecho creer que a él le deben la vida.

De la misma manera como alguien puede concebir la idea de tener una ejército de miles de “bobos” dóciles, juiciosos y trabajadores como los del señor X, otro señor a quien llamaremos Señor Y, libremente podría comprar un ejército de “bobos malos”, y no quiero decir comprar un ejército de bobos en mal estado sino de bobos que hagan maldades: las maldades que el Señor Y, les diga que realicen. 

De momento pareciera solamente temáticas tratadas por la ciencia ficción. Pero lamentablemente eso no es tan cierto. Y el mundo deberá estar tan atento a este latente problema ahora que aun se supone que la humanidad está a tiempo. Quizá más tarde sería muy similar a la tibia y tardía reacción de algunos, al problema del calentamiento global.

Con los vertiginosos avances de tecnología, los adelantos en otras ramas de la ciencia también se dispararon: en consecuencia, el descubrimiento de genoma humano, los procedimientos de fecundación in vitro, los resultados de las investigaciones de la biogenética, se han puesto a la orden del día y también a la orden de quienes tengan el dinero suficiente (fortaleza económica), para costearse un tratamiento de este tipo.